María Hernández
lunes, 19 de noviembre de 2012
Nada es casualidad
Había una vez una princesa que quería conseguir un novio que la mereciera, que la amase verdaderamente. Entonces puso una condición: elegiría a uno entre todos aquellos que fueran capaces de estar 365 días al lado del palacio donde ella vivía, sin separarse ni un día. Se presentaron cientos o miles de pretendientes a la corona real, pero claro: al primer frío la mitad se fue, cuando empezaron los calores se fue la mitad de la otra mitad, cuando empezaron a terminarse los cojines y la comida la mitad de la mitad de la otra mitad también se fue. Y, finalmente, llegó el 1 de enero, cuando acabó diciembre y volvió el frío, solo quedaba uno. Todos los demás se habían ido cansados, aburridos... pensando que ningún amor valía la pena. Solamente uno, que había querido a la princesa de siempre, estaba allí, pegado a la pared del palacio esperando pacientemente que se pasaran los 365 días. La princesa, que despreció a todos, cuando vio que este se quedaba y se quedaba empezó a mirarlo diciendo: "quizá este hombre me quiera de verdad". Lo había espiado en octubre, había pasado frente a él en noviembre y, en diciembre, disfrazada de campesina, le había dado un poco de agua y un poco de comida. Le había visto los ojos y se había dado cuenta de su mirada sincera. Fue entonces cuando le dijo al rey: "papá, creo que finalmente vas a tener que celebrar una boda porque creo que este hombre es el hombre que de verdad me quiere." El rey se puso contento y empezó a preparar todas las cosas para la boda y le había hecho saber al joven que el 1 de enero le esperaba en el palacio porque quería hablar con él. Todo estaba preparado, el pueblo estaba contento y esperaba ese día ansiosamente. La noche del 31 de diciembre, después de 364 noches, el joven se levantó y se fue. Fue a su casa y fue a ver a su madre. Ésta le dijo: "hijo, ¿querías tanto a la princesa, estuviste allí 364 noches y el última día te fuiste? ¿Qué pasó? ¿No pudiste aguantar un día más? Y él le dijo: "¿sabes qué madre? Me enteré de que me había visto, que me había elegido, me enteré que le había dicho a su padre que se iba a casar conmigo y ¿a pesar de eso no fue capaz de evitarme una sola noche de dolor? ¿Pudiendo hacerlo no puedo evitar una noche entre tantas de sufrimiento? Alguien que no es capaz de eso no me merece"
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