Rememorando
años atrás empezamos hace 14, cuando en esas aulas pequeñitas
pequeñitas estabas tú, tu odioso carácter, mi odio hacia ti, mis
aganas de matarte cada día, tu peine azul y amarillo (que ahora
es mío) con el que peinabas todas esas muñecas que yo
intentaba robarte cada día.... por cierto,¡qué buena era!
Pero
bueno, supongo que daré siempre gracias y gracias a ese Club por
darme la oportunidad de conocerte otro poquito... bastante.
Así
a la bobada, míranos ahora, sin rencores (menos cuando te pones
graciosas y los sueltas, solamente para que la gente observe lo
buenísima persona que fui en mis tiempos mozos), solo risas y ni una
sola tristeza que nos rodee, porque eso es lo bueno: recordar lo que
nos odiábamos durante toda nuestra trayectoria escolar y ver lo bien
que estamos ahora. Quién se iba a imaginar que YO saldría en un
cambio de clase sola y únicamente en busca de Marta Flores, para
nada, porque total... qué te iba a decir, si ya nos poníamos
suficientemente al día cada minuto que estábamos juntas.
Y
nada cuquita, gracias. Porque eres el típico ejemplo de por qué no
se debe juzgar a la gente sin conocerla primero, y que del odio a la
más grandes de las amistades solo hay un paso... y el nuestro ha
sido enorme, y juntas.
Muchísimas
felicidades Marta.
Muchos
más y siempre a mi lado chiquitita. Y vaaaaaaaaaaaaaaale sí, te
quiero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario