domingo, 25 de marzo de 2012

Si me dejas, esta noche te doy los besos que te debo


Ver el sol entre las raíces del pasado que vuelve cuando menos te lo esperas. Rezas porque se vaya pero él es el que decide. Su tiempo, su momento, su historia y la tuya. Quiere ser el que te reescriba las cicatrices que un día fueron herida. Pero tú tratas de no perder el compás, de seguir las líneas, los ritmos de tu alma que va primero y él detrás. Como con las manos que hormiguean y la angustia que mata. El nudo en la garganta de impotencia de ni saber, ni poder. Y quizás tampoco querer. Como con las frases cortas y las historias largas. El tiempo que se escapa y las mentiras que atrapan. Realidad en este mundo de locos dónde alguien juzga mientras los demás esperan. Igual que cuando te quedas sin aire por exceso de oxígeno. O cuando le lloras a tus musas porque nadie más puede. Como alguien único que es admirado, o el olor a gasolina que recuerda a quemarte para hacerte arder. Y ser una historia que contar un par de años después cuando la gente te repita. Porque todo vuelve cuando está roto. Y también cuando no. Cuando la vida se vuelve monótona y ni una risa la cambia. Cuando vives por rutina y mueres cada día. Perder las fuerzas y no querer ir a encontrarlas. Buscarte a ti mismo y perderte también. Entre noches que hielan y velas que queman. Y sábanas donde jugar a quién mata y muerde más. Siete vidas como los gatos cuando son negros y traen consigo la suerte de regalo. Seis canciones de mi casa a la tuya y cinco horas agonizando. Cuatro noches de nostalgia y tres cigarros a medias. Dos heridas sin curar y una mañana que amanece tras persianas mientras tú, bajo las sábanas, sueñas con no despertar.



Vamos a dejar de engañarnos, ni tú vas a aparecer de golpe y de frente para decirme que me quieres ni yo voy a tener la valentía suficiente de mirarte si no es a escondidas. No eres de los que prometen que me querrá hoy, mañana y siempre, porque ni siquiera eres capaz de asegurar que seguirás en mi cama , después de que el despertador marque las 2, y la verdad, yo siempre acabo volviendo a las andadas, a los tacones en la mano, el pintalabios fuera de lugar y las medias rotas a mordiscos.  Así que miénteme y dime que esto no tiene fecha de caducidad y yo te prometo no volver a las andadas.


EL DOLOR DE AYER ES LA FORTALEZA DE HOY


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