¿Dónde? Esa no sería la pregunta. La pregunta que yo me haría sería en que momento de tu vida elegirías cada lugar.
Al igual que un día me gusta aislarme otro quiero gritar junto a un millón de personas. Mientras que hay días en los que busco la tranquilidad de una tarde lluviosa y azotada por el viento, otros quiero correr por un prado verde.
Mi cabeza sería el lugar perfecto, pues a la vez que puedo estar un segundo en la selva amazónica al otro puedo pasear por cualquier calle de una ciudad. Puedo corregir cosas del paisaje que no me gustan, añadir sonrisas en las miradas crueles y hacer de un desolado país un estallido de colores y alegrías. Es mía, así que yo la hago perfecta y, aunque a veces necesite cosas materiales en mi mundo para ser feliz, me conformo con poco. Así crecieron árboles, cayeron muros, aparecieron montones de caballos y se acercó el cielo. Aún así siguen existiendo zonas deshabitadas, pero estás buscando propietario.
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