martes, 25 de septiembre de 2012

Hojas de otoño

Cuando al pasar por el parque no reluce el sol y la agonía de sentarte en el césped ya no está, cuando las noches de parque y las mañanas de piscina se desvanecen y cada vez hay menos ganas de salir a la calle simplemente a perder el tiempo, cuando la luna llena no parece tan llena si la tapan las nubes y las estrellas son cada vez menos visibles entre ellas, cuando te quedas en casa y, desde la ventana, ves como millones y millones de gotas de lluvia, empapan tu cristal y te gritan en silencio "estudia". Entonces, es justo en esos instantes, cuando te das cuenta de que realmente ha acabado el verano. Adiós al olor a hierba recién cortada y a miles de litros de agua solicitados por una sed que nunca parecía acabar, adiós a las noches de parque y local, a la ropa fresquita y veraniega, a los complementos exóticos, adiós a los pueblos, a las fiestas, a las vacaciones, a las vueltas en coche que nos llevan yo que sé a donde, a las noches de chiringuito y a las películas después de comer, a los bermús, a las cenas absolutamente todos los días fuera de casa, a los reencuentros, al no tener que irse a casa porque hace frío, adiós a las sesiones bonitas, adiós a los amaneceres sin dormir y adiós a esas noches con esa persona que no merece ni siquiera esta mención. Adiós al mejor verano que una chica de diecisiete años podía haberse imaginado, por vosotros, gracias.
Pero aún así, hola. Hola a las idas y venidas, a los agobios, a las tardes tristes, a los libros y a una rutina que obliga a perder tiempo y puntos para mi reencarnación en perezoso. (¿Sabéis? Ya soy una marmota, el animal más dormilón es el perezoso.. que aquí somos todos muy listos.) Hola a las siestas rápidas antes de una tarde de estudio, hola a cenar en casa siempre a la misma hora, al intentar dormirme y que se haga imposible. Pero hola sobre todo a saltar por los charcos, a los días lluviosos que no pueden ser más bonitos, a los domingos de manta y peli, a la ropa calentita de invierno, a las bufandas y a los calcetines gordos. Hola al reencuentro más esperado de todo el verano. Hola al olvido, al dejar de pensar, a las sonrisas, a la felicidad.


Afortunada por teneros conmigo

María Hernández


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