miércoles, 27 de junio de 2012

A ti, que estás metido en mi pellejo

Más tarde. Noche. Noche profunda. Luces apagadas. Un viento suave que viene de lejos, del mar. La luna llena ilumina la terraza. Las cortinas bailan levemente. En la penumbra de la habitación, el está despierto. La mira mientras duerme. Lleva puesta una de sus camisas...

Él la mira mejor. Y mi felicidad depende de ella. De ti... ¿Pero quién eres tú? ¿Podemos ser de verdad un cuento de hadas? ¿No es más fácil que tú te acabes cansando de esto? Te quedan muchas cosas por hacer que yo ya he hecho... A lo mejor encuentras a alguien más divertido que yo. Más joven. Simplemente, más estúpido. Alguien que te pueda hacer sentir de tu edad, uno que todavía tenga ganas de ir a la discoteca  y bailar hasta las 4 de la mañana, y hablar de cosas inútiles, idiotas pero livianas, hermosas que carecen de final, que no sirven para nada, que no tienen que significar algo por fuerza, pero que hacen reír tanto... Y te hacen sentir tan bien... Cómo echo de menos las cosas estúpidas. Irme a la cama con un "malas noches, sueña cosas feas, te odio más que ayer" Despertarte con un "buenos días idiota, espero que hayas dormido mal" Vivir cada segundo del día pendiente de un simple comentario, bueno o malo, que te sacara una sonrisa... O que te sorprendan con un "¿Qué quieres que te diga, que te quiero? Pues sí, y que cada día me ganas más pues también"

Cerré los oídos, y ahora me me veo probando el amargo sabor del olvido entre los escombros que dejó el deseo.


Una bestia.

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