jueves, 5 de abril de 2012

Tengo el tiempo entre los dientes para ti.


Me pido tus dedos acariciando mi brazo y mis cosquillas jugando al escondite con ellos. Por pedir, pido dar un paseo al mismo paso, frenarnos en seco de repente y mojarnos los labios sin que nos vea la gente. Pido, mientras caminamos por cualquier calle, llevarte y traerte al contarte una estupidez, agarrando con mi mano tu brazo, como si de un acordeón se tratase y tu risa fuese la mejor de mis melodías. Y después, en un intento por no dejarme ir, me hagas perder todo menos la sonrisa.






Quizás mañana me arrepienta. Tal vez llore mucho por esto, ¿pero qué mas da? La vida sin riesgo no es vida.

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